El mago de Os | Dos días, una reflexión


Son consecutivos. El 20 de noviembre es el Día Mundial del Niño y el 21 de noviembre el Día Mundial de la Televisión. Ambos según distintas resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas que abarcan a los 193 estados miembros. Es una obviedad asegurar que la carrera entre los laboratorios Pfizer, Moderna y Janssen por la vacuna del coronavirus cederá poco espacio para hablar de tales fechas. Sin embargo, no deja de ser una oportunidad para reflexionar sobre la programación infantil que hoy ofrecen los canales nacionales.

Lejos están los tiempos de Sopotocientos que, según historiadores de la pantalla chica, ha sido el mejor espacio dirigido a los pequeños de la casa. Las aventuras de los hermanos Tinita y Pablito, junto a Doña Coco, Potamito y Rascón Corroncho, tenían un objetivo pedagógico trazado por su creadora Alba de Revenga. El mensaje fue reforzado por un gran logro: la transmisión desde 1973 hasta 1974 por los cuatro canales existentes (Rctv, VV, C-5 y VTV) sin que se tratara de una cadena. Además de un contenido musical que reforzaba las lecciones.

Veinte años después surgió Hay que oir a los niños, producido por Rctv y conducido por Nelson Bustamante. Si bien no tenía un cometido educativo, permitía que los pequeños expresaran opiniones y compartieran sus visiones sobre distintos temas, moderados por el periodista que se mimetizaba con ellos. Durante sus tres años obtuvo importantes reconocimientos foráneos.
Hoy no hay nada parecido en la parrilla criolla. Los chiquillos están prácticamente abandonados por las televisoras, a pesar de las cuotas horarias establecidas en la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos. Si acaso, son atendidos por comiquitas extranjeras que tienen una oferta más novedosa y variada en los servicios de suscripción. Atómico (VV) y Consentidos estrellas (Televen) no aplican porque sus contenidos están dirigidos a los adolescentes.

Se repite con frecuencia que todo está inventado y que cada vez es más difícil ofrecer algo novedoso. También se recurre a las crisis como excusa, pero los hechos desmontan lo anterior. Al revisar lo que se hace en otros países, se ve que siempre es posible ir más allá. Para ello debe haber voluntad. Y esa capacidad debe estar acompañada por un sentido: el olfato, para detectar nuevos talentos que creen contenidos actuales. Con la aplicación de esa fórmula, en el futuro podría haber una celebración conjunta de cómo la televisión sedujo a nuevas generaciones, descifrando su lenguaje y sus intereses.

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